Eutanasia y muerte digna: uso correcto de las palabras

Tradicionalmente ha existido un grave problema en la sociedad a la hora de entender qué es o no eutanasia. Mucha gente se posiciona a favor o en contra sin conocer la cuestión al detalle. Por eso, es conveniente reparar un instante en explicar de qué estamos hablando. Un debate serio sobre el derecho a la muerte digna solo es posible si se hace un uso correcto de las palabras con que se lo construye. Siguiendo a Simón Lorda (‘Ética y muerte digna: propuesta de consenso sobre un uso correcto de las palabras’, 2008), la terminología más aceptada actualmente, y la que más ha ayudado a avanzar en el debate, es la siguiente:

Eutanasia: actuaciones de los profesionales sanitarios que causan directamente la muerte de los pacientes a los que atienden porque lo piden de manera voluntaria, informada y capaz al padecen una enfermedad grave e irreversible que les produce un sufrimiento que no puede ser mitigado de forma alguna. Esta definición hace que sean innecesarios, por redundantes, los  adjetivos “activa”, “positiva”, “directa” y “voluntaria”.

Suicidio (médicamente) asistido: actuación de los profesionales sanitarios que consiste en facilitar, a los pacientes capaces que atienden y que padecen una enfermedad grave e irreversible que les produce un sufrimiento que no puede ser mitigado de forma alguna, los medios necesarios para que pongan fin a su vida cuando libre y voluntariamente lo deseen. Esta actuación ha sido habitualmente encuadrada como “ayuda o auxilio al suicidio”.

Limitación de medidas de soporte vital o Limitación del Esfuerzo Terapéutico: es la retirada o no instauración, de una medida de soporte vital porque, a juicio de los profesionales sanitarios implicados, el mal pronóstico del paciente en términos de cantidad y calidad de vida futuras, lo convierte en algo fútil y sólo contribuye a prolongar en el tiempo una situación biológica que carece de expectativas razonables de mejoría. Esta definición trata de superar los confusos términos “eutanasia pasiva”, “eutanasia negativa” y “adistanasia”. El mantenimiento de estas medidas inútiles ha sido denominado históricamente como “encarnizamiento o ensañamiento terapéutico” o como “distanasia”. Hoy tiende a generalizarse en su lugar el término “obstinación terapéutica”.

Rechazo de tratamiento: es la retirada o no instauración de un tratamiento porque, aunque el profesional pueda considerarlo clínicamente indicado, el paciente no da su consentimiento informado válido para iniciarlo o lo retira cuando el tratamiento ya había sido iniciado.

Sedación paliativa. Administración de fármacos, en las dosis y combinaciones requeridas, para reducir la conciencia de un paciente en situación terminal, para aliviar adecuadamente uno o más síntomas refractarios, previo consentimiento informado explícito. Este tipo de actuaciones han sido etiquetadas históricamente como “eutanasia indirecta”, amparándose en que la sedación, por un mecanismo no del todo aclarado, puede contribuir a acortar la vida del paciente.

Víctor Jover @CalleCiencia

Acerca de victorjover
Estudiante de Periodismo y Diplomado en Magisterio apasionado del misterio, la ciencia y la filosofía.

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